
Cuando el río suena es porque piedras trae, cuando el viento suena es porque hojas trae.
Todo lo que conocemos tiene su origen en una vibración: las diferentes combinaciones frecuenciales de los cuerpos dan forma a la vida, desde la más mínima partícula hasta la manifestación inconmensurable del universo. Pocas cosas dentro del conocimiento humano se pueden aseverar con tan cruda inmediatez, dejándonos el agradable sabor de la certeza. Notemos lo siguiente: al escucharse en una grabación el percutir de un tambor se confunde con los latidos del corazón, el chirriar de unas maquinaria sin aceitar pasa por el canto de un ave diminuta, el susurro del viento bien puede ser el registro de nuestra propia respiración... ¿A qué se debe este intercambio de identidades sonoras? Explica la organología que el timbre de un sonido depende de la cantidad de armónicos que contenga la onda sonora, a su vez correspondiendo a la configuración de varios factores corpóreos y mediáticos ( material de la fuente sonora, conductividad del medio, longitudes de onda) además de la envolvente de amplitud; otro caso es la síntesis analógica y digital que a menudo logra burlar nuestras defensas perceptivas para hacer pasar una serie de bits codificados por una orquesta sinfónica. De igual manera ocurre con los pensamientos, con las emociones, con nuestros hábitos. Con aquello que llamamos espíritu, también.
Todo habla con todo, todo es y está conciente de sí.
Cuando del sentir de un alma humilde surge el amor, de su voz la armonía, de sus manos el pulso: allí estamos llamados al silencio.
Todo lo que conocemos tiene su origen en una vibración: las diferentes combinaciones frecuenciales de los cuerpos dan forma a la vida, desde la más mínima partícula hasta la manifestación inconmensurable del universo. Pocas cosas dentro del conocimiento humano se pueden aseverar con tan cruda inmediatez, dejándonos el agradable sabor de la certeza. Notemos lo siguiente: al escucharse en una grabación el percutir de un tambor se confunde con los latidos del corazón, el chirriar de unas maquinaria sin aceitar pasa por el canto de un ave diminuta, el susurro del viento bien puede ser el registro de nuestra propia respiración... ¿A qué se debe este intercambio de identidades sonoras? Explica la organología que el timbre de un sonido depende de la cantidad de armónicos que contenga la onda sonora, a su vez correspondiendo a la configuración de varios factores corpóreos y mediáticos ( material de la fuente sonora, conductividad del medio, longitudes de onda) además de la envolvente de amplitud; otro caso es la síntesis analógica y digital que a menudo logra burlar nuestras defensas perceptivas para hacer pasar una serie de bits codificados por una orquesta sinfónica. De igual manera ocurre con los pensamientos, con las emociones, con nuestros hábitos. Con aquello que llamamos espíritu, también.
Todo habla con todo, todo es y está conciente de sí.
Cuando del sentir de un alma humilde surge el amor, de su voz la armonía, de sus manos el pulso: allí estamos llamados al silencio.


